Sónar 2026 · Viernes 19 de junio de 2026
El viernes del Sónar arrancó con una Fira Gran Via bastante concurrida para ser las siete de la tarde, con el público todavía tomando el pulso a una edición que sigue generando debate sobre si el festival mantiene o no su esencia.
Kelis llegó al SonarVillage con una propuesta que, sobre el papel, podía haber sido simplemente un ejercicio de nostalgia, pero resultó ser bastante más que eso. Repasó tres décadas de carrera con una soltura que no se da por sentada: de Get Along With You y Millionaire a Forever Be y 4th of July (Fireworks), pasando por versiones de Nirvana, Crystal Waters o Calvin Harris que encajaron a la perfección sin parecer forzadas.

Milkshake apareció casi de refilón, en versión snippet, como si prefiriera no hacer de su hit más obvio el centro de gravedad del show. El conjunto funcionó bien, sostenido por una puesta en escena limpia, arropada por una banda (batería, cantante de apoyo y dj) y con la voz y la presencia escénica de Kelis, que no ha perdido ni un ápice de personalidad.

A continuación, y ya con más gente en el recinto, Cormac abrió su sesión en el mismo escenario con menos energía de la esperada. Los primeros minutos fueron dubitativos, como si el irlandés estuviera calibrando el nuevo SonarVillage, pero su set fue cogiendo temperatura y acabó ofreciendo una segunda mitad mucho más convincente, con su divertida visió del house y el HI-NRG que conectó con el público.
El SonarClub fue el escenario de uno de los momentos más esperados de la noche: Skepta. El MC de Tottenham lleva años siendo un nombre fijo en los carteles de los festivales, y el Sónar no iba a ser una excepción. Su set mezcló clásicos de «Konnichiwa» (Shutdown, That’s Not Me, Text Me Back) con material más reciente y algún guiño inesperado, como su versión de Praise the Lord (Da Shine) de A$AP Rocky. El SonarClub respondió bien, aunque la sensación final fue la de un directo más funcional que memorable: energía correcta, sin grandes momentos que lo elevaran por encima de la media de sus actuaciones en el circuito de festivales.

Más irregular resultó el paso de SBTRKT por el SonarVillage. El productor británico apostó por un directo en el que el material de su debut homónimo «SBTRKT» aparecía tan transformado que resultaba difícil de reconocer. Podríamos darle otra lectura a esta decisión (reinterpretar esos temas en lugar de seguir reproduciéndolos igual en directo), aunque también dio una sensación de desconexión con el público, que esperaba quizás conectar un poco más con su discografía, que tiene temas verdaderamente bonitos como Hold on o Wildfire, que fueron prácticamente irreconocibles, lo cual provocó que fuera un set desigual.

Volviendo a SonarClub, Charlotte de Witte tomó el escenario grande de Sónar para presentar su nuevo directo, ‘The Resistance’, ya en el tramo de madrugada con su propuesta habitual: techno oscuro, sin concesiones y, esta vez, también sin hits. La belga no ofreció ninguno de los tracks por los que es más conocida, pero tampoco lo necesitaba para mantener a la sala en tensión. Fue un set coherente de principio a fin, más fiable que brillante, de esos que cumplen sin dejar demasiado a margen a qué pensar sobre su directo al día siguiente.

La noche cerró de la mano de IceMorph en el escenario SonarLab x Rinse. El productor, ligado al ecosistema de la radio Rinse y a una electrónica que mezcla influencias del grime, el bass y el club más experimental, se encontró con el público más reducido del viernes, pero también con uno de los más entregados. El SonarLab, siempre el espacio más arriesgado del festival, volvió a ser el lugar donde el Sónar se parecía más a lo que algunos llevan años echando en falta.
Imágenes: Toni Rosado
