Sónar 2026 · Sábado 20 de junio de 2026
La tercera y última jornada del festival Sónar 2026 concentró toda la acción en el recinto de Fira Gran Via, con una jornada sin Sónar+D y que sirvió, a su manera, de síntesis sobre las intenciones de esta nueva etapa del festival.
La tarde arrancó en el SonarVillage con Colleen ‘Cosmo’ Murphy, que presentaba su directo Cosmodelica, un proyecto que la DJ neoyorquina, fundadora de los míticos Calssic Album Sundays, ha ido consolidando como relectura del acid house y el balearic de finales de los ochenta. Murphy construyó un set que iba subiendo de temperatura de forma consistente, pensado para abrir el cuerpo antes de lo que vendría después, con esa mezcla de influencias que va del Chicago house al balearic de los primeros años de Ibiza. El Village, a esa hora todavía con bastante espacio, la recibió con los brazos abiertos. Casi en paralelo, en el SonarPark, Mercromina Club llevó al directo la propuesta del grupo valenciano: pop independiente de raíz noventera que conecta directamente con la estela del jangle pop y el indie más melódico. El proyecto funciona bien en formato reducido, con una energía íntima que encajaba con el escenario del Park.

El primer gran directo de la noche fue el de The Prodigy en el SonarClub. La banda de Essex llegó con un set que no dejaba margen para la duda: Omen, Voodoo People, Poison (mucho de «Music for the Jilted Generation») y luego los inevitables Firestarter, Breathe y Smack My Bitch Up para un público que coreó cada acorde y cada sample desde el principio. El encore incluyó Out of Space y un Comanche con el que cerraron. Sin Keith Flint, la formación sigue siendo una máquina de punk electrónico en directo: sin adornos, sin concesiones, con una potencia visual y sonora que el SonarClub aguantó sin problemas. La asistencia de público de este directo fue de las más altas de todo el fin de semana, con el SonarClub prácticamente lleno desde el principio.

El turno del SonarVillage lo ocupó WhoMadeWho, y ahí es donde la noche dejó su primera decepción clara. El trío danés tiene un catálogo suficientemente amplio como para ofrecernos un recorrido interesante por sus distintas épocas, pero optaron por una lectura simplista hacia el presente más electrónico y minimalista, dejando fuera por completo piezas de su etapa inicial como Neighbourhood, Space for Rent o Inside World. En Sónar se presentaron en formato banda, aunque el resultado fue un set correcto (con un dudoso playback o backing track del cantante) que no terminó de conectar: faltaba algo de chicha, se echaron de menos esas melodías más directas que los hicieron conocidos antes de su giro hacia el club.

La propuesta más singular y exigente de la jornada llegó con Speedy J presents STOOR Live, una pieza de música de electrónica industrial concebida como un directo continuo e ininterrumpido en el que participaron también Dasha Rush, Luke Slater, Mathew Jonson y Ø [Phase]. No había sets individuales ni turnos: los cinco artistas compartieron la creación musical en tiempo real, sin costuras, generando una textura sonora densa que avanzó sin pausa durante toda su duración. No era música para bailar en el sentido convencional, sino para dejarse atravesar; el público que se quedó lo entendió así, y el espacio adoptó una concentración poco habitual en un contexto de festival.

Two Shell en el SonarHall representó una de las apuestas más celebradas por el público más joven. El dúo británico, que ha construido su identidad en torno a una producción que cruza el UK bass con el hyperpop y el hardcore rave, trasladó en directo esa sensación de velocidad y saturación controlada que caracteriza sus lanzamientos. El SonarHall respondió bien, y fue de los momentos en que el festival mostró con más claridad su voluntad de apuntar hacia sonidos que exceden de la electrónica de club más clásica.
La madrugada siguió con FJAAK x Kittin live en el SonarLab x Rinse, una colaboración que unía a la dupla berlinesa de techno con la figura de Miss Kittin, veterana del electroclash y el techno europeo de los 2000. El resultado fue un directo que funcionó como puente entre generaciones y estilos: el techno desnudo y eficaz de FJAAK con la voz y la presencia de Kittin aportando una dimensión performativa que no es habitual en el entorno del club más austero. El SonarLab, que durante este Sónar se ha confirmado como uno de los espacios más activos y con público más fiel, respondió bien.
Cerramos la jornada a con Modeselektor en el SonarVillage. El dúo berlinés repasó en un live buena parte de su trayectoria: Happy Birthday!, The Black Block, Sucker Pin, This Track Kills Fascism, Berlin, y el inevitable Hyper Hyper como remate de un directo que dejó el pabellón bien alto en el Village. Gernot Bronsert y Sebastian Szary llevan más de veinte años destilando un techno con sentido del humor, capaz de pasar del registro más brutalmente físico a momentos de una ternura casi absurda, y en el Sónar eso se agradeció especialmente como colofón a una edición que ha necesitado demostrar que el cambio de formato no implica pérdida de personalidad.
Y en eso, en conjunto, este Sónar 2026 ha dado señales razonablemente positivas. La concentración de todo en Fira Gran Via (sin el contrapeso del evento diurno en la ciudad) ha cambiado el ritmo del festival, pero también ha permitido una programación nocturna más densa y con mayor coherencia interna, si bien han faltado algunos grandes nombres. El público, mayoritariamente local con una presencia internacional más discreta que en ediciones anteriores, lo ha seguido con una respuesta mejor de lo que se esperaba. Queda ver si la fórmula se afianza o si el festival sigue ajustando.
Imágenes: Toni Rosado
