Este año se viene una edición del Rock Fest Barcelona que huele a pólvora, nostalgia y riesgo. Del 26 al 29 de junio, el Parc de Can Zam de Santa Coloma volverá a ser tierra sagrada para quien aún cree que el metal no se hereda, se elige.
Yo no me pierdo ni un día. He estado ahí con entrada y sin entrada. A veces, la vida te obliga a escucharlo desde el parque, desde la petanca, estirando el cuello para ver las pantallas por encima de la valla. Pero este año sí: dentro del foso, dentro del barro, cabalgando el ruido.
Hay nombres tan grandes que ya ni entran en el escenario: SLIPKNOT, JUDAS PRIEST, SCORPIONS, KING DIAMOND, SAVATAGE, LYNYRD SKYNYRD… Pero lo más jugoso está en los rincones: Running Wild, que hace un lustro no pisan la península ni por error, o los Grave Digger, que la última vez que vinieron por Barna se podía fumar en los bares. Y ojo con una de las últimas confirmaciones: los Hellacopters, con su rock acelerado de gasolinera sueca que sabe más a Motörhead que a Ikea.
No faltan joyas del panorama estatal como Angelus Apatrida, S.A., Obús, Lujuria, Eraso! o los cada vez más imponentes Lépoka, capaces de armar un Wall of Death en cualquier verbena de pueblo. La apuesta estética y teatral de bandas como Gloryhammer, Wind Rose, Stryper o nuestra siempre majestuosa diosa Doro ,¿se animará a hacer dueto con Halford y regalarnos un Total Eclipse of theHeart?) le añade color y músculo a un cartel donde no sabes con qué quedarte, porque hay para todas.
Una selección que no se conforma con ser mainstream, que arriesga, que mezcla generaciones perdidas y géneros. Y eso, en un panorama veraniego saturado de festivales clónicos, se agradece. Un festi para quienes nos vibra el corazón con la música, para quienes crecimos escuchando riffs con un loro con el volumen al 11 en la plaza, no en reels de TikTok.
Este festival no es solo música. Es pasear entre parches viejos, saludar a colegas que solo ves una vez al año, y perderte un grupo porque estás poniéndote al día con otro warrior of the barrio que no ves desde los 2000.
Y es también volver a ver a tu banda favorita como si fuera la primera vez. Ya sea SLIPKNOT rompiendo todo el jueves, KING DIAMOND invocando espíritus el sábado o SCORPIONS bajando el telón con la clase de quien sabe que está escribiendo su última gira con mayúsculas.
Nos vemos en Can Zam
Llevo años siguiendo este festival, y cada vez lo vivo con más ganas. Porque aquí no se viene a posturear, se viene a sentir. Desde dentro o desde fuera, con entrada o sin ella. Pero este año, con libreta en mano, la voz ronca, sin camiseta y una crónica pendiente.
¿Y tú? ¿Vas a dejar que te lo cuenten? Santiaguete