Recta final de Primavera Sound, con el cuerpo molido y los pies al límite, nos poníamos manos a la obra para afrontar la última de las tres jornadas en el Parc del Fòrum. La vigesimotercera edición del festival se ha enfrentado a una de las ediciones más demandadas de su historia desde que arrancará en 2001 el Poble Espanyol. Con un sold out muchos meses antes de su inicio, la edición del 2025 ha congregado nada más y nada menos que 293.000 asistentes que han pasado en un momento u otro por el festival, con gente llegada de más 136 países y una afluencia de público internacional del 65%, llenando los 15 escenarios del Fòrum, con 311 actuaciones (226 celebradas en el recinto frente al mar) y él restó en los siete escenarios que se han repartido por el Primavera a la Ciutat.
El Primavera Sound es un gigante en todos los sentidos, casi 8.000 trabajadores, más de 900 medios acreditados llegados de todas las partes del mundo y un reporte económico para la ciudad de Barcelona de más de 300 millones. Datos escandalosos que explicamos para entender la magnitud de uno de los mayores festivales de música del mundo. Dicho esto, vamos al lío.
La explanada se le quedó grande a la de Ohio, no en lo musical, sino en afluencia. Me sorprendió mucho que Kim Deal diera su concierto en un escenario de las dimensiones del Revolut, a priori un espacio para los más masificados. La hora tampoco ayudó mucho, pero la ex Pixies y precursora de The Breeders ofreció un memorable directo como parte de su primera gira en solitario en una tarde íntima, donde su álbum debut, “Nobody Loves You More” 2024 hicieron de este un poderoso show. Acompañada por una notable banda, ofreció un repertorio que alternó clásicos de Breederes con su nuevo disco. Para cuando llegué, ya estaba metida hasta el fondo con el proyecto que comparte con su hermana y temas como Safari, Happiness Is a Warm Gun, Invisible Man o el himno Cannonball, hicieron las delicias de los que aguantaban un sol de justicia. Chispazos de rock garajero rematando con el hitazo Gigantic de Pixies.

Casi ocho años han tenido que pasar para escuchar el nuevo disco de esta big band galesa de indie pop que regresaba con un notable “All Hall” y embarcarse de nuevo en una extensa gira que les traía de nuevo al Parc del Fòrum, concretamente al schwarzkopf. Con la formación clásica y algún invitado, Los Campesinos! ofrecieron un divertido espectáculo donde el grupo desplegó su característico estilo indie pop cargado de energía y emotividad y a pesar de la hora justa que tocaron, intentaron rescatar parte de su discografía, I Just Sighed. I Just Sighed, Just So You Know, Romance Is Boring, Avocado, Baby, Baby I Got the Death Rattle. Todas ellas muy celebradas por unos fans que la escasa hora de directo les sabio a poco. Una lástima no poder terminar de ver el concierto, pero en la otra punta del festival había otro gran concierto programado y era de cita obligada.

Fontaines D.C. volvió a demostrar ante un abarrotado escenario Revolut que la banda de Dublín está a otro nivel, la presentación de su aclamado álbum “Romance” para mí, uno de los mejores discos del 2024 junto al “Wild God” de Nick Cave fue una puesta en escena oscura y envolvente. Romance abrió un concierto de atmósfera densa, navegando entre la introspección y la energía explosiva a la que nos tienen acostumbrados en directo. El repertorio incluyó temas como Jackie Down the Line, Bug, y Boys in the Better Land, provocando momentos memorables y de total éxtasis. El mensaje en las pantallas laterales “Israel is committing genocide use your voice” con bandera de Palestina de fondo de escenario ofreció un respiro emocional en medio de la intensidad de un concierto redondo.

La evolución sonora de la banda hacia territorios más introspectivos y atmosféricos llegó con un cierre apoteósico a cargo de In the Modern World, I Love You y Starburster. Grian Chatten estuvo pletórico, animó al público en todo momento contagiando con su energía en otro concierto para el recuerdo de los irlandeses, reafirmándolos como una de las bandas más emocionantes y dinámicas del panorama post-punk actual con un sonido 100% revival.

Chappell Roan era la última de las tres supernenas en hacer aparición en el festival y para mí fue la auténtica triunfadora, una sorpresa arrolladora y aplastante y lo digo sin ser fan o tener 0 conocimientos de la de Misuri si me preguntabas un mes antes de su actuación en Barcelona. Un concierto con fundamentos suficientes para ser la reina de la edición 2025 gracias a una simpatía y un discurso queer con base de sobra a la hora de llevar a cabo un espectáculo power pop que impacta en lo visual, sin perder fuerza en lo musical.

La capacidad para congregar y atrapar a gente que más bien nos interesa poco este estilo y hacernos saltar y bailar es de admirar. Aquí nada falla, un escenario increíble con un castillo gótico con pasarelas y torres desde las que cantó a la perfección enfundada en su papel de drag queen, desbordando fantasía en un espectáculo teatral, con coreografías perfectas y una notable banda compuesta por mujeres en el que si sonaron instrumentos a diferencia de los conciertos de Charli XCX o Sabrina Carpenter. Un discurso que toda diva del pop tendría que tener aprendido.
Las horas no ayudaban y el concierto Anohni and the Johnsons, que, si hubiera sido interesante por la tarde, se nos hizo bola. Así que nos dirigimos hacia el escenario Plenitude by Nitsa para disfrutar del directo de Nicola Cruz. Con una elegante electrónica, vimos al francés con una energía desbordante, exprimiendo sus instrumentos analógicos, sintetizadores, armónicas o flautas, acercándose más al techno y dejando al margen ese sonido dub y más tribal al que nos tiene acostumbrados con su particular sonido andino o, como él mismo lo ha bautizado, andes-step debido a sus orígenes ecuatorianos. Me sorprendió mucho la facilidad a la hora de volver loca a la gente que se agolpaba en las primeras filas gracias a una intensidad sonora muy potente, bailando hasta el último beat.
Todavía nos brillan los ojos cada vez que pensamos en la muerte de Mimi Parker y lo que ha tenido que ser para Alan Sparhawk. Desde la pérdida de su compañera en la banda Low, pero sobre todo compañera sentimental, de viaje y madre de sus hijos, el músico de Minesota se ha reinventado con “White Roses, My God”. Este segundo álbum en solitario, publicado el 27 de septiembre de 2024 por Sub Pop y el primer disco de Sparhawk tras el fallecimiento y posterior disolución de la banda, es de una carga emocional absoluta, sensibilidad y delicadeza que sobrecogió a todos los que se acercaron al Trainlinine. Yo no llegué a ver nada del concierto, todo lo que estoy escribiendo es por lo que he leído y por lo que me contaron varios amigos. Acompañado en todo momento por sus hijos, Cyrus al bajo y su hija Hollis en los coros, el concierto fue de lo más emotivo, donde el músico y compositor americano repasó su nuevo disco con una intensidad arrolladora, mezclando una sutil electrónica con el folk o el pop. Esperamos que vuelva pronto.

A pesar de firmar otro gran concierto, a LCD Soundsystem le faltó algo para llegar a ser apoteósico.
Mucho rato antes, la gente ya desfilaba dirección al Revolut para congregar una de las afluencias más masivas de todo el festival si quitamos los conciertos de las supernenas. James Murphy y sus Soundsystem nos regalaron un viaje donde el dance-punk y las bombas rítmicas de los de Brooklyn fueron de lo mejor de la última jornada cuando hablamos de música de baile. La mítica bola de discoteca lucía imponente en medio de un escenario que se les queda pequeño por la cantidad de instrumentos que gastan en directo, una auténtica barbaridad. Nutriéndose de los cuatro discos que tienen hasta la fecha, la hora y media de concierto fue una auténtica descarga de adrenalina. Los trallazos sonoros que se sucedieron fueron de una potencia arrolladora. Tribulations, Daft Punk Is Playing at My House o Someone Great fueron solo algunas de las que cayeron en un setlist en el que fueron a lo seguro, sin arriesgar, confeccionaron un repertorio perfecto para cualquier paladar fino. El disco punk de Losing My Edge, convertía la esplanada más grande del Fòrum en una gran discoteca, una fiesta con un Murphy pletórico, escondido siempre bajo esa apariencia tímida, pero conectado emocionalmente con el público.

El mejor momento de la noche llegaría como siempre con la emotiva Dance Yrself Clean de su disco“This Is Happening” publicado en 2010. Los más de diez minutos que se alargó en directo fueron una combinación de energía y precisión quirúrgica. New York, I Love You but You’re Bringing Me Down se me hizo un tanto lenta, pero All my friends remontaría para poner el punto y final a otro gran concierto de los de New York.
El año que viene nos volvemos a ver.