Dorotea se pasea por la tierra de los sueños, y nos visita y disfruta de los espéctaculos brindando con vosotros y vosotras un fin de año cualquiera.
Los fines de año fueron siempre memorables después de las uvas. Continúan las tradiciones con la juventud que siempre baila, tras doce campanadas sonoras, en FistBar!.
Dorotea Gale aparece por primera vez en 1988, cuando la Barcelona del dowtown todavía está vigente y su centro es un lugar agradable frecuentado por visitantes extranjeros, ravaleras, marineros, gente bohemia o estudiantes. Tal cual la tierra del Mago de Oz, así vivíamos en el centro histórico de la ciudad en aquellos gloriosos años, cuando escuchábamos música en la intimidad. Los años en los que vivimos peligrosamente.

1988. Paca La Tomate.
A mediados y finales de los ochentas, se frecuenta un lugar por Suzanne Vega y otras virtuosas del mundo oculto de la ciudad. Dentro se respira un ambiente alegre y diáfano. Entre una de las callejuelas mal olientes y oscuras que conducen a la Plaza Real, situado en la calle Raurich, antes de acercarnos al Taxidermista, está el Kike bar, gay como casi todos los locales de concurrencia pública que vemos en esa zona céntrica. Desde hace cuatro años, allí trabaja Paca La Tomate como camarera.
Paca es un señor entrado en la cuarentena, amigo de Nazario y de La Fernanda, quien se viste de mujer, sirve copas, limpia los lavabos y nos canta algo que se asemeja al flamenco.

Paca es la alegría del guateque.
Continúa vigente la ley de peligrosidad y rehabilitación social. O sea, que si eres chico y si te pillan besando a un chico, o eres chica y se te ocurre coger la mano a una chica en medio de la calle, te detienen por escándalo público, te trasladan al Hospital del Mar, te interrogan en el departamento médico de psiquiatría, te dicen que lo tuyo no es normal, que no estás bien, y te derivan a Reus o a Sant Boi.
Dependerá de tu condición y clase social que vayas a uno u a otro lugar. En una primera opción, siendo hija de médico o abogado, te trasladan al Pere Mata. Estilo arquitectónico modernismo catalán. Segunda opción: Si eres hija de inmigrantes, o – digamos – provienes del lumpen catalán, te vas a Sant Boi. Estilo arquitectónico Van der Rohe. En esta segunda opción, lo tienes un poco crudo. Tras aplicarte unos electrodos en las partes genitales, te atan en una camilla y, con el noble fin de prevenir las desviaciones de conducta anti-sociales que presentas, comprueban la eficacia de las leyes… en tus partes más íntimas.
Ser LGBT no resultaba nada fácil en esa Barcelona de mediados o finales de los ochenta. Y ser moderno tampoco. Puesto que continúa vigente esa ley de peligrosidad social, la cual no fue derogada completamente hasta un 24 de Mayo de 1996.
Entra así en escena la obligación por parte de cierto sector, digamos, empresarial – especialmente el sector dedicado a la distribución al por mayor, a los espectáculos y al juego – de aplicar la ley vigente a rajatabla. En nuestra historia, aplicar la renovada ley de vagos y maleantes.
Previendo el nuevo glamour que le espera al bar de callejón en un futuro con calles donde no abundará el olor a orín reseco, – pues se lo han prometido y así va a suceder -el dueño del bar Kike, antes de iniciar su aventura como pionero en lo que va a ser el Gayxample con su nuevo Este Bar, le espeta a Paca que se traga a litros la misma ginebra con la que le hace limpiar la barra del bar y la despide sin más. A la calle. Por borracha. Y si te quejas, te denuncio. Por escándalo público. Y la barra se limpia sólo con ginebra te lo he dicho mil veces. Eso nos explicaba Dorotea, y damos fe de sus palabras.
Corresponde a Juanito ( Juan Bonet ) amigo íntimo de Dorotea, como lo era de Patti – quien por aquellos días estaba con nosotros en Fist – La genial idea de recuperar a Paca y que actuara por víspera de fin de año en el local.
Patti es la chica con gorro y pelo corto de chico, de ojos color verde inmensidad, quien un día nos dejó para irse a vivir a Londres con su pareja, y de quien Delfín aprende las ocultas artes del manejo y del trabajo en el servicio de espirituosos que se oferta dentro del espacio Fist.
El show de Paca La Tomate fue de lo más. Allí estaban todas, rindiendo homenaje y pleitesía a su musa de callejón. Su repertorio incluye, en formato play-back las mejores tonadillas de nuestras divas. No era habitual en Barcelona encontrar este tipo de espectáculos en locales abiertos. De veras. Era considerado peligroso. Incluso de mal gusto. Estaba mal visto.
1989. Joan I de Mallorca y sus Katalitikas.
Un año antes de la eclosión de ese pre-fabricado ghetto que se dió a llamar el Gayxample de Barcelona, el cual ocupa la parte izquierda del ensanche de la ciudad, y que en nuestros días presenta una actividad del recuerdo pasado – FistBar! deviene uno de los lugares predilectos para quienes no se sienten representados en los establecimientos del momento. Fist es un local abierto, en una ciudad cerrada por murallas del imagenio. En aquellos años, la parte alta se desplaza poco o nada de Diagonal hacía abajo, pues la clase obrera y la clase media campan a sus anchas por esos distritos layetanos. Barcelona era una ciudad con una fuerte herencia socialista y obrera. Y se notaba.

En una villa pre-olímpica, con una juventud en paro, sin futuro, la cual abrazará el voluntarismo olímpico como vía de escape a la cadena de montaje, las tardes en Fist eran de lo más.Nos acompaña la troupe de sospechosos habituales, y las verbenas se dan de la manera más natural.
Fist abraza la subcultura grebo y, los fines de semana, nos regala su presencia toda la tribu del extinto 666, haciendo suyo el local junto a universitarios, a la aristocracia disconforme de su zona pudiente ( nadie puede elegir donde va a nacer ) a pasantes ,y a chicos bien-peinados. Asiduos todos ellos del día a día.
Se viajaba poco a Europa, por no decir nada, y regalamos fresco un bouquet de ideas, merced a nuestra corta experiencia y sólida vivencia fronteras allá. Provocar para educar, rompiendo las olas.
Joan I de Mallorca es un sujeto dotado de cierta sensibilidad , de unos cincuenta años, quien aparece vestido con bata de boatiné y tacones de aguja, pintalabios. Adorna su cabeza – a modo de sombrero de esos que se llevan en las bodas reales – un pote de detergente Persil coronado por una escarola fresca y unas zanahorias. Joan López Galornado organizaba en Mallorca año tras año diversos actos, ciclos de cine homosexual, concurridas fiestas y conferencias con la presencia de ponentes como la abogada Magda Oranich, la lesbiana feminista Empar Pineda, Jordi Petit y Armand de Fluvià, entre otros.
Todos ellos y ellas devendrán asiduos de FistBar! en nuestros primeros años de andadura. Allí no profesábamos religión ni partidismo alguno, ni negábamos a nadie el placer de degustar una buena sesión musical. Entras y te encuentras a Bubu y a Joan I de Mallorca en esas tardes. No se pierden ninguna de las parties que organiza Txarly Brown y se sienten tan fisteros, que piden representar su show Viajando hasta Mallorca un fin de año con su grupo Las Katalítikas.
Joan se vino a vivir a Barcelona en 1988, y era vecino del local. Vino a seguir su propia evolución y dar un giro a su vida. Fundó el grupo de teatro-cabaret “Las Katalítikas”, marcando un nuevo estilo con crítica socio-política en clave de humor.
Las Katalítikas se estrenan y nos presentan su espectáculo. Cobrando, claro está. Ningún problema. Siempre tenemos algo que celebrar.

Con la apertura y traslado del colectivo LGBT al Gayxample barcelonés, Las Katalítikas encontrarán un nuevo hogar en el recién estrenado antro-bar Satanassa. Allí encontraremos a Bubu al mando de la barra, donde continuará sus aventuras como vedette, hasta ser víctima de la peste que azota al continente. Hugo De Campos estuvo unos meses en la puerta, cuando estar en la puerta de un local significaba algo importante en Barcelona. Recibirá a Dorotea acompañada por tres amigos al encuentro del mago, con la esperanza de obtener sus deseos ( cerebro, corazón y coraje ).
No corresponde a FistBar! más mérito que el contribuir modestamente con cerebro, corazón y coraje que se aceptara y reformara una actitud negativa presente en nuestra encorsetada ciudad.
Los amores podían darse en cualquier esquina o lavabo de oficina. Dentro del enclave, nos resulta difícl encuadrar y clasificar a todo el y la que se mueve y desplaza por la ciudad. No sabías si era carne o pescado el hedor que desprendía la mercancía del puerto. Y el puerto debía ser limpiado.
Para poder «limpiarlo» de elementos pintorescos y no ofertar con descaro el turismo sexual – propio del franquismo tardío – se procede a segmentar la actividad pública. Con la ley vigente en la mano, resulta necesario – e incluso muy útil – poder identificar a quienes pudieran estar vulnerando los preceptos legales. Apostamos por la marca ‘Gaixample’, es positivo que la oferta se concentre en una zona concreta y que tenga un nombre identificable que la gente conozca.
De por sí tenemos palabras difíciles en nuestro vocabulario, el sintagma gente ejemplifica esa dificultad.
Observemos que gente no refiere ni indica lo mismo que ciudadano, pueblo, habitante o persona. Gente – como substantivo – adquiere un matíz propio de vocabulario estadístico.
En una época en la cual la plaga azota a Europa, conviene tener en cuarentena y localizad@s a aquell@s posibles portador@s del virus.
Así se expresaba Dorotea, presentando la pedantería propia de los aprendices universitarios que venían por el local, parroquianos habituales, con charlas presocráticas. Si te ven por la zona, ya te identificas tú misma, sin más, sin carnet – nos dice, mientras espera la actuación estelar de Joan I de Mallorca con sus Katalítikas.
Ese año se deroga un artículo de la ley que nos ponía a casi todos en la picota, pero – eso sí – continuamos siendo escandalosos. Cambio de tercio y nuevo uso sistemático de los métodos de rehabilitación.

1990. Jaime y Cristina la lían.
En el año 1990 estamos sumidos en el rockandrol de la plaza del pueblo.
Jaime fue a buscar a su chica Cristina y habían previsto escaparse hacia Nueva Orleans, pero habían acabado tras las redes de Fist. Como en Corazón Salvaje. Moralmente peligrosos.
Tras su paso por un triste y desolado espacio del Ensanche derecho, Jaime nos aporta su buen hacer tras los platos cada Sábado, y nos cuelga sin permiso el póster gigante del concierto de The Cramps, justo al final de la izquierda según se entra. La maravillosa idea de tener un par de giradiscos en Fist salió del mismo Jaime, quien venía a pinchar y estaba junto a vosotros los fines de semana para pasárserlo de lo más bien.
Esos mismos fines de semana por la noche, Cristina atiende amablemente a toda la parroquia. Con su elegancia bilbaína atrae a lo mejorcito y a lo peorcito de cada casa. Vestida en el más puro negro satén que se lleva en las casas de bien, consigue calmar y mantener en su puesto a los aguerridos motoristas y a los chicos vestidos de cuero que llenan el local. Y a las chicas.

Por aquellos entonces, todavía pulula y se exhibe entre los muros de Fist el afamado Capitán Kosmexx. Siempre pegado a la pared, en busca de lo que cae. A ver que se pilla – o se cepilla – por la patilla.
Dorotea, en el centro del círculo de sus amigos, sentaba a otras tres personas quienes poseían poderes tan grandes que todos los reyes y reinas les mostraban reverencia. Dorotea se acompaña de sus amigos: El espantapájaros sin cerebro, el hombre de hojalata sin corazón, y el león cobarde.
1991. Unas mujeres escupen fuego por la boca. Alfredo se quiere morir.
Setiembre y podías ver a dos chicas sentadas que lucían cresta corta y llevaban camisetas sin tirantes, botas Martens y lasters de color beige. Si te acercabas a ellas sentías la imperiosa necesidad de pedirles fuego. Son nativas de Berlín , y se encunetran en nuestra ciudad para presentar su espectáculo de danza y artes. En la vigilia de 1991 serán el plato estelar de nuestro espectáculo anual.
Siguiendo el camino de baldosas amarillas llegamos a la puerta y entramos en FistBar!. El show está a punto de comenzar. Las chicas bailan a ritmo de Wiseblood. Puro play-back. Un cierto olor a gasolina impregna el local. Ignitan un antorcha. Empiezan los sudores entre la concurrencia. Una de las mujeres con cresta verde ingiere el licor de 98 octanos. Lo escupe. Se hizo la luz. Una llamarada de fuego sale de su boca y atraviesa el local, rozando el techo acariciando el botellero situado escasamente a unos cuarenta metros.
Tras la primera llamarada, la temperatura de los presentes sube de manera considerable. Todavía planea el espíritu de Alcalá 20 en el imaginario colectivo.
La temperatura aumenta hasta deshacer el mercurio del termómetro del local, cuando la actriz ingiere otro trago de gasolina conservándolo en su boca contorsionándose, mientras ase una antorcha.
La segunda llamarada fue el no-va-más. Una estampida humana se agolpaba en la salida y en la calle presa del pavor, pensando que iban a ser calcinados, por un inofensivo y original espectáculo. Vacíamos el local. Fin de año. Tras las uvas.

Estamos a punto de cerrar. Pasadas las tres de la madrugada. Todo el mundo ha salido y la fiesta ha terminado. Hasta el próximo año, o sea mañana.
Encontramos el local vacío, poseído con el recuerdo de tu último adiós. Esa madrugada, tras la velada, acabamos de limpiar los restos de la gran fiesta de despedida, y ordenamos el espacio para recibir la entrada de año. Uno ha de verse con Juanito para tomar la última, y Delfín quiere irse a las Ramblas para celebrar la salida del Home dels Nassos.
Se encuentra Dorotea Gale, quien no tiene otro sito donde ir, pues su granja fue adquirida por un banco al no poder pagar las letras de cambio, según cuenta ella misma, hacia 1939. En su camino, decide por fin de año escaparse y disfrutar de las celebraciones y espectáculos que ofrecemos.
Todavía abre el Villa Rosa, donde una noche – meses antes – estuvieron ella, Oscar Callau, Alfredo, Marcos, Alfons Gras, Delfín y otros más en alegre comitiva presenciando un espectáculo, por sugerencia de Alberto Guijarro. Pero a Dorotea no le gustan el tipo de exhibiciones – de rabo a cabo – que tenemos la ocasión de presenciar allí. Nos pide de salir fuera. Quizás para el visitante neófito actual, el Bagdad de Barcelona podría servir de ejemplo de la actividad que tuvo lugar.
Dorotea prefería y elegía Fist. La puerta, como esa luz que nunca se apaga, permanece abierta.
Tres años más tarde Alfonso Meriño, quien trabajaba justo cruzando la vía, pasado el Institut del Teatre, nos regalaba su presencia y su cordial visita enfundado en una elegante gabardina – la cual acostumbra a guardar plegada junto a su asiento habitual -. Alfonso le aconsejará a Delfín que mejor que la puerta esté cerrada, pues la zona no es lo tranquila que fue antaño. Y la percepción había cambiado. Pero entonces todavía eramos naïves. Gente de bien. No le hicimos mucho caso.
Antes de cerrar y salir, se escucha el ruido de la puerta y unos pasos firmes, tambaleantes pero decididos. Dorotea nos pregunta quien ha entrado.Visiblemente emocionado y descompuesto, el recién llegado, da unos pasos y se desploma sollozando. Gabardina, pantalon de traje, sombrero panamà y corbata. Se trata de Alfredo.
The Smiths, en una ciudad donde tenemos una luz que nunca se apaga, son un referente musical para las almas solitarias todavía en aquellos años, y representan un icono de lucha por los derechos de las personas. Si la revolución punk asusta a los mayores con cuatro muchachos de aspecto poco recomendable, el sonido y la furia cambian de color; y a mitad de los ochenta lo que se lleva son los tejanos rotos y los ramos marchitos de flores.
Nadie con anterioridad, excepto Morrissey, había conseguido exteriorizar esa sexualidad inherente a los jóvenes rockeros de los años cincuenta de manera tan sutil. Nadie, con anterioridad fue considerado tan peligroso moral o socialmente por el régimen. Carantoñas.

Mayoría adicta a los Bordón 4 o a los Vigilantes de la Playa, era la que controlaba la orilla de los ravales. Una única nación de corsariorrr bajo la bandera de las cuatro barras de bar.
No reprochemos a esa mayoría – inconsciente del fracaso de una Remedios Amaya representando a España en el Festival de Eurovisión ante los ojos de todos los televidentes comunitarios – que el hundimiento de la barca nos resultaba más bochornoso que lo de la Armada Invencible. Quinientos años y todo seguía igual. Por eso nos gustaba ser marcianos. Por eso seguíamos en la tierra del Mago de Oz.
Quizás por ello abrazamos con cariño y respeto a la cultura proveniente de la pérfida Albión. A veces, muchas veces, la gloria de una nación se decide a través de su música. Y quizás por el mismo ello, Dorotea Gale estaba con nosotros cada fin de año. Por que siempre hay esperanza. Siempre hay un futuro nuevo que celebrar y por el cual brindar.
Tras el llanto, Alfredo se desploma en el suelo todavía por barrer, con baldosas rebosantes de los restos de la celebración de fin de año, y de su boca regurgita un espeso líquido amarillo, acompañado por los estertores propios de su situación. De aquí se infiere que no resulta prudente mezclar ingentes cantidades de vodka con lima sin haber previamente cenado.
Me quiero morir, me quiero morir! repite inconscientemente. Como en la mejor tradición oral de las letras de canciones, balbucea las líricas que escuchamos en en el tercer album de The Smiths.
El deseo de muerte por parte de un vitalista y espléndido ser humano como Alfredo, no era cosa normal. Partía de un desengaño de amores. Desengaño tan cotidiano diario y propio en la sociedad barcelonesa que – a estas alturas – no debe sorprender a nadie. Pero en aquellos años de musica independiente, todavía caliente la voz de Ian Curtis, o los ecos de Bauhaus y su sello 4AD, para una generación de jóvenes que se evade del gris hacia el blanco y negro con los ritmos de Europa o América del Norte, el pesismismo estaba de moda rabiosa. Sad is the new Black. Eramos puros Capote con nuestra devoción a los extintos Camaleones.
Delfín lo intenta reanimar a base de improperios y golpes de fregona, pero ni por esas. Podía ser otro día, y no precisamente en fín de año. Menuda papeleta. Y la gente esperándonos en la fiesta. Solución: Lo dejamos encerrado en el local a medio barrer, hasta que se le pase el mareo, y ya lo vendremos a recoger por la mañana.
Dicho y hecho. Al día siguiente, recuperamos a nuestro amigo. Nos acompaña preocupado Juanito quien – tras saber de la notícia – decide reanimar personalmente al resucitado. La mejor bienvenida de año que nunca he tenido recordará Alfredo lustros después. No era cierto. No se trataba de un gesto de amistad. Esas bu