Jeff Tweedy — Sala Paral·lel 62, Barcelona — Jueves 12 de febrero de 2026
El paso de Jeff Tweedy por Barcelona fue un regalo sonoro que se coció como los buenos caldos, a fuego lento, mezclando calidad y su figura de hombre tranquilo, pero con todo lo que ocurre encima del escenario meticulosamente controlado. Los que esperaban un concierto basado en las tres décadas al frente de Wilco se encontraron con una presentación pulcra y casi íntegra de ese ambicioso y triple nuevo disco titulado «Twilight Override». Sin colgar el cartel de sold out, la sala Paral·lel 62 congregó a una muy buena afluencia de auténticos devotos del de Chicago, quienes guardaron un silencio casi sepulcral en un día que será recordado por el temporal de viento que azotó Barcelona.
A diferencia de los conciertos en solitario que dio días antes en el norte del país (donde sí tocó temas de Wilco en acústico de forma extensa), a Barcelona llegó arropado por una banda que es, literalmente, su familia y amigos. Sus hijos, Spencer a la batería y Sammy a los coros y teclados, junto a músicos como Sima Cunningham (quien también ofició de telonera) o Macie Stewart, le daban al sonido una textura orgánica, sin artificios, como si estuviéramos en su local de ensayo, pero con una precisión impecable. Todos ellos mostraron una solidez y compenetración increíbles a la hora de desarrollar un repertorio que sonó de diez a lo largo de todo el concierto, con arreglos orquestales de la mano de un violín casi angelical, creando una atmósfera cálida que no tardó en apoderarse de toda la sala.

El repertorio fue valiente. Jeff Tweedy decidió aparcar por completo el cancionero de Wilco para centrarse en sus temas propios, demostrando que a estas alturas no necesita vivir de rentas. «Twilight Override» fue el eje central de un concierto que solo rescató algunas de las piezas de Tweedy, el proyecto que tiene con su hijo mayor Spencer, como Low Key, World Away o Diamond Light, Pt. 1. El peso del show recayó en el material nuevo: temas de estructura libre donde Tweedy alterna sus bromas de siempre con reflexiones mucho más íntimas y directas. One Tiny Flower (con la que arrancaron), Caught Up in the Past o la emotiva This Is How It Ends fueron prueba de ello, canciones que van creciendo capa a capa.
Uno de los momentos más magnéticos fue Feel Free, una pieza de siete minutos que se basa en la repetición y que dejó a la sala en un silencio de esos que se cortan. En ese mismo bloque, Mirror se alzó como uno de los puntos álgidos; una canción que suena a confesión y que en directo se siente como si Jeff te la estuviera contando solo a ti. También hubo espacio para la emoción compartida cuando Sammy Tweedy tomó el centro del escenario en Forever Never Ends, demostrando que el talento en esa familia no se detiene en Tweedy padre. Y, como suele pasar con Jeff, los momentos entre canciones fueron igual de divertidos, con sus bromas secas y esa manera de conectar con el público sin esfuerzo que hacen que una sala de tamaño medio como Paral·lel 62 se sienta como un club pequeño.

Tweedy alternó guitarra acústica y eléctrica con naturalidad, llevando la intensidad del concierto a su antojo: la creatividad que gasta a las cuerdas es de una virtuosidad tan bonita de escuchar como de ver. Aunque el setlist fue muy similar al de Madrid, Barcelona tuvo su propio «regalo» en los bises. Si en la capital sorprendió con una versión de Queen, ya en la recta final del concierto de Barcelona cayó una gran versión del Spanish Bombs de The Clash, perfectamente ejecutada y que puso el toque más gamberro del concierto; un concierto sin grandes himnos, concentrando energías en este largo y ambicioso álbum.
Hay que reconocer que, para quienes no llevábamos el “Twilight Override” bien estudiado, en el concierto hubo momentos de desconexión, pero la voz de Tweedy es hipnótica y tiene ese magnetismo que te devuelve al sitio. Jeff tiene esa capacidad de silenciar a toda la sala y redirigirte de nuevo con ese dulce y cercano susurro, transmitiendo fragilidad y mostrándose muy cercano. Entre canción y canción, interactuó con esa timidez suya tan característica, pero sobre todo se dedicó a defender el estado de forma creativo del que todavía puede presumir.
Texto: Manel Ferrer
Imágenes: Christian Bertrand (Primavera Sound)
