El Festival Cruïlla acaba de demostrar que su propuesta para este verano va en serio y no se limita a lo que suena sobre los escenarios. Del 8 al 11 de julio, el Parc del Fòrum se convertirá en un cruce de disciplinas que abarcan desde la arquitectura hasta la innovación tecnológica, consolidando un modelo de evento que entiende la cultura como un espacio de convivencia.
El humor pide paso y suma una jornada extra con Cruïlla Comèdia, llevando al Escenario Bonpreu Esclat a más de 30 nombres que mezclan el circuito consolidado con la nueva escuela, como Ana Morgade, Ignatius, Charlie Pee, Marc Sarrats, Ana Polo o Carlo Padial. Más allá de las risas, el recinto será una ciudad compartida bajo el lema «Cruïlla és casa». La gran novedad visual es la alianza con el festival de arquitectura Concéntrico, responsable del diseño de los escenarios principales en un claro guiño a la capitalidad arquitectónica de Barcelona 2026, mientras que el arte urbano tomará vida en directo de la mano de doce creadores.
El movimiento también será protagonista gracias a la compañía Brodas Bros, que repite al mando de una programación de danza con ritmos que van desde el swing hasta el breakdance. El plato fuerte será el espectáculo «BŌ», una producción que mezcla sin complejos el baile de bastones tradicional catalán con el hip-hop. Esta inquietud por cruzar fronteras empapa también otras disciplinas: la moda dirá presente con la 080 Barcelona Fashion, y la tecnología se estrenará con un prototipo de inteligencia artificial para generar recuerdos personalizados. A nivel identitario, el festival también mueve ficha migrando todo su ecosistema digital a dominios .cat.

La responsabilidad y el compromiso marcan la base de toda esta oferta. El Cruïlla mantiene su estatus como el único gran festival del Estado alimentado íntegramente con energía renovable, dando la espalda a los generadores de gasoil. Además, se consolida la accesibilidad total del recinto, el Punt Lila, los protocolos contra agresiones y el activismo social con proyectos como «Jo no ballo amb l’odi» y colaboraciones con Gaza Solidària o Mescladís.
Para mantener el ritmo de tantas actividades, la gastronomía desplegará más de veinte paradas sin fronteras culinarias, con reclamos barceloneses como Kibuka, Chalito, Deleito o La Bikineria, asegurando que reponer fuerzas sea un aliciente más. En definitiva, un despliegue diseñado para ir a vivir de lleno la cultura urbana barcelonesa y no limitarse a tachar nombres de un cartel musical.
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