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Visiones

Uno de los lugares que siempre ha existido pero que nunca jamás antes estaba es Barcelona Visions.

Aunque la turista accidental a fecha de hoy podrá confundir la ciudad que alberga ruinas romanas, con un parque temático orientado al botellón o al relleno de las camas — por fín sin chinches — que ofertan los hostales y viviendas del centro, hubo una época en la cual las Barcelonas destacaban en el plano mundial por su comercio y por su industria.

Imagínate un escenario com el del melodrama The Zero Theorem, última diopsia del amigo Terry Gilliam.

Cinta de cassette, suenan los escoceses The Pastels y su single «Baby Honey«. Tiendas. Establecimientos. Comercio. Una escasa red de pequeñas apuestas colectivas o individuales que hacen que nuestra ciudad portuaria disponga de algunos momentos de humanidad. Humanidad heredada de los antiguos fenicios quienes, desde el Raval cercano a la costa, ofrecen parte de su mercancía y su buen hacer. En FistBar! siempre estuvimos conectados con ese selecto y abierto núcleo de comerciantes y empresarios que formaban parte del — entonces — incipiente tejido industrial del centro de Barcelona. Actuábamos como revendedores.Tras los desastres de la Guerra que ilustra gráficamente tan bien ese pintor de la Corte aragonés llamado Francisco José de Goya y Lucientes, la ciudad renace.

Goya reproducía la esencia misma del objeto o del sentimiento. Goya es un auténtico realista. Por esto, probablemente, suelen decir de él que estaba dotado de una “fantasía perversa” y que vivía en el mundo de lo“inverosímil”. Todas las llamadas “pesadillas” de Goya andan por las calles de España en seres de carne y hueso.

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Barcelona Visions

 Una Fantasía Perversa

Estamos en las postrimerías de los años ochenta y todavía pulula esa etnia — tan denostada en los años veinte mediante una arenga pública o discurso ante las masas por los vecinos apellidados Cambó — a quienes conocemos en habla coloquial catalana como botiguers.

Para la visitante ajena a las costumbres y tradiciones de la ciudad portuaria de Barcelona, la palabra botiguer, buscada a través de un traductor automático de la Internet, le puede referenciar a nuestro conocido sustantivo tendero. Nada más lejos de la realidad.

En aquellos ilustres años, una botiga era un sitio donde ciertas personas hacían su vida y donde sucedían milagros. Una mezcla de vivienda, tienda, comercio y lugar de paseantes los cuales nunca llegan a trapasar el umbral de la puerta. Stained Glass Window.

Te preguntas como puede funcionar todo un conjunto de establecimientos minúsculos en los cuales había apenas entrada, pero sí almacén. No entra tanta gente. La respuesta es simple: Merced al carácter peculiar y bravo de esta etnia local llamada botiguer, la cual conforma el tejido, la salvia de la ciudad. Hasta el farolito del pórtico debe chillar estridentemente la riqueza del dueño de la casa. Marcando el ritmo y pauta de las estaciones del año, así como el regimiento de los días del calendario, sin su ingenio no existiría la Primavera, ni las Rebajas, ni el Verano, ni La Vuelta al Cole, ni el Invierno. El botiguer es el aspirante a hombre de negocios con despacho, o a pie de calle. Sobre todo, Dios nos libre de la vil soberbia de remozos de palacio, insolentes de puerta y de saleta.

El botiguer, a diferencia del tendero, no se constituye en gremio ni conforma parte de la comunidad; como sucede y se relata en la época del medioevo y los nombres de las calles de Barcelona aún rememoran. El botiguer, se reúne con las suyas, y suele vivir alejado del mundanal ruido que rodea a su establecimiento. Puede un hombre sonreír siempre y ser un villano. El botiguer hace alarde de la omnipotencia de su fantasía. Consigue empequeñecer a las bellezas de la naturaleza, avergonzar al mar, borrar las montañas. Al finalizar la jornada, el botiguer, a diferencia del tendero, regresa a su hogar situado en una de las muchas barcelonas.

El botiguer, a diferencia del tendero, no aspira al comercio ni a la prosperidad, sino a prestigio y cargo social. Con ese noble fin no escrito, constituye comités de informantes y dispone de un avivado ingenio. El botiguer hereda. El tendero no. El tendero transmite un negocio y la renta de alquiler correspondiente. Suena, The Klinik, con su Suffer in Vain.

En este  peculiar conjunto de establecimientos propios de la ciudad de Barcelona y que uno no encuentra en ningún otro lugar de las Españas, se agolpa unas junto a otras en las cercanías de las tradicionales comercios establecidos en tiendas de arquitectura modernista que el centro de Barcelona ofrece hasta el año 2014, cuando se aplica la ley de liberalización del precio que tan pingues beneficios aportará a la Asociación de propietarios del centro de Barcelona. Y esto da un poquito de pena. La mayoría de estos comercios o tiendas, que sí están abiertos al público y al turista en general, y que no precisan de más inversión publicitaria que la de disponer de unos  escaparates únicos y de una clientela obtenida con el esfuerzo del trabajo y el paso de los decenios, presentan en la entrada, en su rótulo una apostilla similar a «Viuda de… desde 1898». Y eso no es bueno. En una nación de corsarios, en la cual el dinero del fondo de las viudas no pertenece a nadie, ese cartel actúa como reclamo nefasto para la supervivencia del local. Una vez muerta la viuda, recuperamos la parada.

El botiguer evita, en la medida de lo posible, colaborar con la Hacienda pública o local pues, aunque el espacio sea común, la calle no le pertenece. El tendero, no. El tendero dispone y repone para su clientela o parroquia habitual encontrándose a sí mismo sujeto a los avatares del destino. El botiguer, a diferencia del tendero, dispone de una red clientelar y extra-clientelar que le mantiene informado y al día de todas las visicitudes o anécdotas que transcurren en el distrito, sean éstas de interés para su oficio o no. En el barrio chino, no es difícil encontrar a quien por unos cuantos duros esté dispuesto a quitar de en medio al que se le diga. Los matones mercenarios no son casos aislados, ni mucho menos. Son una escuela política de la burguesía catalana, vinculada a altas tradiciones. Los botiguers siguen, como en los viejos y buenos tiempos, parapetándose detrás de la espalda de unos cuantos matones a sueldo. Desconfía del visitante ajeno. Usted no puede pasar, la fiesta no es para feos.

El tendero, no. El tendero agradece la visita del extranjero, pues ello le reporta beneficio. No hay mejor publicidad que la de un cliente anónimo satisfecho. El tendero crea comunidad y dispone de esa caridad conocida con el nombre de atención para con sus parroquianos. El tendero, en el mejor de los casos y si la Fortuna le sonríe, crea comunidad y establece su marca personal.

El tendero adorna su establecimiento con un toldo que lleva escrito en su frontal la palabra colmado. Palabra bonita que indica abundancia, provisión y generosidad.

El botiguer no crea, el botiguer vende marcas. El tendero suministra enseres o productos usados o de primera mano. El botiguer no, el botiguer vende marcas. El tendero puede ser un habitante de otros lares –ajeno a las muchas barcelonas — quien opera negocio en su parte de la ciudad. El botiguer no. Es autóctono y meritocrático.

La esperanza del botiguer era que sus hijos tuvieran lo que él nunca tuvo: Estudios y posición social. No tengas cuidado mano que si el tiene cuchillo yo tengo pistola. Con ese noble fin en mente, coloca a una de las hijas a estudiar abogacía para así introducirla en el Consistorio local, coloca a otro de los hijos en una escuela privada de estudios mercantiles  — antiguas academias nocturnas que en nuestros días conocemos como Business Schools, abiertas todos los días — para así promoverlo en una sucursal bancaria, o en oposiciones de la Academia Adams para la Hacienda local, y al otro de sus vástagos le reservar la noble tarea de regentar la botiga. Eso de estudiar, nada. Tú a trabajar desde los dieciséis años, como hice yo. ¿Y el inglés para que narices lo necesitas?. Si aquí no vienen extranjeros ni turistas. Y además, en Cuba, Puerto Rico o Colombia se habla el español.

La nobleza de tal fín, no era percibida como tal por el vástago en sí, y esto generaba conflictos. Conflictos generacionales. Sucede que gran parte de los herederos de aquellos tiempos, inconformes con la tradición y el signo de los tiempos, se ven envueltos en una vorágine de fiesta y libertad sin ira que les hace acabar tan puestos como Las Grecas.

Hablamos de los años noventa. Esfumado el dinero, habría que reducir costes. Nada de paga doble. Antes muertos que sencillos. La culpa era de la trastienda. Ahora acaba de entrar otro. Y de los viajantes y de sus mercancías. Te dejo probarlo.

De fondo suenan The Chameleons con su anatema A Person Isn’t Safe Anywhere These Days.

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Seres de carne y hueso

El espacio del botiguer, a diferencia del del tendero, dispone de una rebotiga o parcela del negocio que no está abierta de cara al público: La trastienda. En esta parcela es donde se suele alojar y recibir al representante o al vendedor comercial que arriba con el muestrario, para que éste le muestre su mercancía. En esta parcela de negocio, oculta al público en general, es donde se suele comprobar la catadura y calidad del producto que el viajante de comercio, o marchante, le ofrece para su posterior almacenaje o distribución. Y vino una hierbita y me picó.

Pon otro disco, si el segundo LP de los Suicide. Diamonds, Furcoat, Champagne.

Así pues, el botiguer no espera visita ni recibe a quien no haya sido remitido o envíado por alguien conocido. ¿Tiene ventiladores de pie?. No lo siento aquí no tenemos de eso. Pues en el escaparate he visto que tienen… Lo que tenemos es de muestra y no está a la venta. Passi-ho-bé.

El botiguer es muy mezquino y le gusta vivir bien. Con tal de que en la caja haya algunos billetitos, ya no piensa en gestionar nuevos pedidos, ni en organizar la producción, ni en adquirir máquinas nuevas. Está completamente satisfecho de la vida. Y esta manera de pensar podrá ser todo lo agradable que se quiera, para él y para los suyos, pero es catastrófica para el país.

El tendero baja persiana. El botiguer, a diferencia del tendero, no. Siempre está alerta. . No tengas cuidado mano que si el tiene cuchillo yo tengo pistola. Adopta una faceta de somatén, como se les llama en estas tierras, estando únicamente atento a su propiedad y a la defensa propia y de su tierra.

Por otro lado, alistarse al Somatén se convirtió en una importante base de partida para el ascenso político en el régimen o para la defensa de determinados intereses, y también para el mantenimiento de las posiciones adquiridas, por lo que muchos caciques de la vieja política de los partidos del turno también se alistaron, dando lugar, según González Calleja, a la formación de grupos armados al servicio de los grandes propietarios, lo que minó la valoración social del Somatén.ç

Suena Cop Shoot Cop y su «One Of these Days«.

Las tiendas de muebles eran de lo menos, pues los muebles se compraban y hacían durar para toda la vida. Había unas cuantas tiendas muy bonitas, cerca de la calle Ciudad, al lado de la casa del padre de Ernesto Carratalá. Muchas de esas preciosas tiendas son hoy bares aclimatados, donde el olor a besugo frito se mezcla con el perfume chanel made in china de la moderna que tienes a tu lado.

Las bodegas, como la archi-conocida bodega de la calle Fonollar, o las que encontrabas en la calle Comercio, pues también. Porque tenían mercado y cubrían un espectro familiar; así a los niños se les servía vino de granel en las comidas para así fortalecerlos y que la sangre saliera fuerte. Las señoras se calmaban con un sorbito de Agua del Carmen, tras el ajetreo de las labores del hogar. Y sus maridos se tomaban un café bien cargadito antes del desayuno y de irse a trabajar. En Barcelona, los pisos son espaciosos y los salarios muy bajos. Por eso viven varias familias en cada piso. Los que trabajan reparten con los parados.

Lo de las mercerías lo sabía toda Barcelona. Era el negociete o botiga que le monta el señorito a la querida o al querido para tenerlo contento. A cambio de  favores y de la limpieza de los bajos, te instalo en una tienda de betes i fils. Y nos vemos después del trabajo, antes de subir a casa que tengo a la esposa y a los niños de malhumor.

Lo de las tiendas de electrodomésticos tenían su aquél, puesto que uno o una no llegaba a imaginar cómo pueden venderse tantas unidades diarias de inodoros o de platos de ducha como para poder mantener abierto locales de ese tamaño y de esas características. ya teníamos la de siempre, enorme, en Plaza Villa de Madrid, la de la señora Quimi. Donde hoy ves el Decathlon. Precio por metro cuadrado. Para acotar esa falta de imaginación, y comprender esa ida y venida de cajas de cartón, basta con tener presente la existencia de una trastienda.

El botiguer catalán, además de ser pusilánime, es ignorante. Se distingue por su carencia absoluta de buen gusto. Ni siquiera es capaz de sestear beatíficamente como el caballero madrileño.

Visiones. Los altavoces de FistBar! escupen el anatema musical «Four Enclosed Walls» de los Public Image Ltd.

Las tiendas de coleccionistas y de segunda mano — lo que ahora se denomina malamente vintage — eran lo más. Normalmente estaban atendidas por empleados singulares bajo el ojo del amo que engordaba al caballo. Las tenías pocas, de todos los colores y dispuestas como un rastrillo disperso en distintos lugares de las barcelonas. Había una en la Calle de la Cera. Otra en Conde del Asalto. Las de ropa de segundamano solían vender prendas de difuntos o cesados. Las de coleccionista material robado.

Luego estaba el ahora destruído Mercado de San Antonio, lugar en el cual, hasta el año 1993, tenías que irte los Domingos, después de Misa, no para cambiar cromos, sino a ver si encontrabas o si podías adquirir una copia del libro Über Sinn und Bedeutung de Gottlob Frege.

Éste volumen estuvo descatalogado en nuestro país hasta casi finales de siglo pasado y te lo exigían en primero de carrera. No son los filósofos, sino los que se dan a la marquetería y los coleccionistas de sellos, quienes constituyen la espina dorsal de la sociedad.

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Libros con cubiertas de colores

También los tenías –los libros — en las librerías de viejo, o en los tenderetes de la calle Diputación, detrás de la Universidad, pero allí no ibas porque te habían dicho que todo el material bibliográfico les era suministrado por yonquis.

Los yonquis son de dos clases. Una clase la conforma aquella representada por el pobre sujeto que necesita a diario su dosis de lo que sea para poder levantarse, para afeitarse y para comer. Para vivir, al fin y al cabo. Clase o especímen fácilmente localizable y detectable.

La otra clase es la más peligrosa forma de yonqui. Es la que conocemos como el yonqui ocasional.

Abundaba y abunda en nuestra ciudad portuariainclusoa  día de hoy. Niño de bien o de mal, quien un día o una noche, durante periodos fijos o discontinuos, fines de semana sí, otros también, se funde seiscentos o setecientos euros de la VISA — un desparrame, a modo loco — en una fiesta. Despierta de la resaca y se pregunta qué he hecho. Debe justificar ese movimiento de dinero ante sus familiares. A ver como lo hago. La solución más rápida para tapar ese inocente desfase económico y reponer la cantidad es apropiarse de algo ajeno y vendértelo, para así no despertar sospechas. Algún bien cultural, por ejemplo. O Un instrumento musical de colección. Échale la culpa al dueño que lo tenía que haber pasado a buscar. Y así hasta la próxima. Suena «Jerusalem« de los Test Department.

En los tenderetes de la calle Diputación, ves amontonadas las revistas a todo color donde se observaban imágenes de hombres y mujeres, tal cual en el Paraíso estuvieran. Las revistas tenían las hojas pegadas como si algún alguien se hubiera entretenido juntándolas utilizando pegamento. Durante las décadas 50, 60, 70, 80 y los 90 en el mundo, el colectivo transexual solo tenía una manera, digamos decente, de ganarse la vida: Posando como pin-ups. Tatuadas.

¿Se ha fijado usted en que todas las mujeres que aparecen en las revistas para adultos son en verdad hombres? Era cierto. Te viene a la mente aquella frase del amigo Borroughs que aparece en su novela The Naked Lunch.

Delante de los tenderetes encontramos, rodeada por un muro de solemne piedra, la Facultad de Teologia. Se puede fumar, que por aquí no pasa mucha gente. Salimos a Balmes y nos envuelve el sonido y la furia de la ciudad. Regresamos al centro.

Barcelona Visions
Barcelona Visions

Acerca de lo Objetivo y de lo Subjetivo

Afirma Gottlob Frege en la sección 60 de su obra fundamentos de la aritmética, la cual conocemos como Die Grundlagen der Arithmetik:

En la investigación que sigue, he seguido tres principios fundamentales: siempre separar tajantemente lo psicológico de lo lógico, lo subjetivo de lo objetivo; nunca preguntar por el significado de una palabra aislada, sino sólo en el contexto de una proposición; nunca perder de vista la distinción entre concepto y objeto.

FistBar! se erige en medio de esta red de establecimientos, a modo de revendería, con servicio de degustación para oídos y paladar. Ajenos en gran parte a la actividad que se ejercía en los mismos, pero actuando de forma colaborativa y gremial con algunos, con bastantes, de estos comercios. Aportábamos aire fresco de las Islas.

Justo enfrente de FistBar!, contábamos con la inestimable ayuda y prestación de servicios del cerrajero ( o manyá ) para que nos rehiciera los taburetes metalizados del espacio.

Pues además de confeccionar llaves maestras, la extraña pareja de operarios, disponían de un taller de soldadura y fabricación. Hombres de oficio quienes, cuando le pedíamos si podía hacer aquello o lo de más allá, parsimoniosamente nos respondían «Porteu-nos els plànols i el dibuix del que vols que et faci». Vamos, unos genios del diseño web e industrial antes de que éste siquiera existiera.

A su lado, una fábrica almacén de textiles.Suena Eton Rifles de The Jam.

Dirigida la fábrica por un empresario con menester y educación, éste estaba tan contento de la afluencia de personas que aportamos a la zona, que incluso tuvo a bien rederezar en el año 1991, o 1992, las paredes de su edificio, pintándolas de un color café-con-leche, para esconder así humedades y deterioros.

Además de embellecer la vista de los transeuntes, su edificio respiraba ahora orgullo de barrio y una atención no remunerada y exquisita para con los visitantes y parroquianos que transitaban por el lugar. Siendo un hombre sin estudios, conocía bien el llamado principio de contexto.

La rehabilitación no tuvo mucho éxito pues — a pesar de gastarse su dinero y solicitar el correspondiente permiso — alguien dentro del Consistorio local le obligó inmediatamente a repintarlo de color gris. La expresión que se utiliza para con él por ese alguien, en caso de que no se acogiera a la orden, es esta tan cordial y amable de «tienes los días contados en la ciudad«.

Expresión gramatical formada por sintagma verbal, sujeto elidido y predicado de verbo; tan favorecedora a la cultura y sinergia empresarial, tan amable y correcta para con los creativos y emprendedores locales de las barcelonas. Expresión que el consistorio local hace suya para con aquellos y aquellas visionarios que pretenden, humildemente, mejorar el mundo que les rodea. En base al principio de contexto, herético es suponer que está locución tuviera el mismo sentido de ser empleada por matones o grupos dispuestos a ejercer violencia o presión. Dios nos libre de pensar tal cosa.

El tiempo es un elemento fluido, continuo, fuera de nuestro control. Incuantificable. En nuestro día a día, el tiempo se refleja en el contexto de una oración a través de su forma verbal. Ocurre que esa noción del tiempo continuo se adivina en otras expresiones como «tener los días contados» (a punto de fallecer). Locución verbal para nada, absolutamente para nada, asimilable a una expresión que pudiera o pudies ser proferida en sentido ni tono amenazante. Es mi puño el que se fractura al golpear con tu cara. Los altavoces escupen la canción «In The Army Now» del dúo holandés Rob and Ferdi Bolland, versioneada por los Laibach.

Se le transmite verbalmente a nuestro vecino sin rubor y sin empatía. Se te puede caer el pelo. Como una abeja laboriosa, el propietario procede a repintar los muros del edificio, cumpliendo así con las órdenes recibidas. Gris. El color uniforme que por decreto municipal figuraba en las ordenanzas como correspondiente a la ciudad y sus edificios. Extremada elección la de la abeja, y qué mal gusto el de una mosca, pues en un mismo jardín solicita aquella la fragancia y esta la hediondez.

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Un auténtico realista

El centro histórico de la ciudad, la Barcelona, era y había sido siempre gay-friendly.

Tiendas y boticas. Botigues. Iglesias. Capillas.  Soy pluma sin tinta, ni fu ni fa. Molino sin viento, ni fu ni fa. Pájaro sin alas, ni fu ni fa. Luego nos vamos al Pueblo Seco a comer unas olivas. Las compran en el mercado de aquí. Delante de la tienda de el señor Eusebi.

El señor Eusebi es aquel hombre simpático que aparece en el mural de la antigua e inacabada Avenida Catedral con su peluquín pelirrojo, las gafas y esa eterna y encantadora sonrisa que siempre dispensaba. Adeu, guapa!. La que aparece abajo es su madre, y las que ves dibujadas en los balcones de arriba son sus nebodes. El edificio era suyo, y antes de morir, quiso reflejar su vida y cubrirla con un cristal. Para la eternidad. ¿Qué te pongo, reina?.

Luego estaba el otro Eusebi, el de la tienda de ropa al por mayor. Me bajo a la Barceloneta, a ver si encuentro pescado. Entonces la Barceloneta era un barrio formaba parte de la ciudad a nivel humano y administrativo y todavía no la habían privatizado, como sucede hoy.

Y luego ves al coleccionista de Arte. Moreno de piel y con el pelo de dulce blanco platino. Por las noches, a la luz de la Luna, sale con sus shorts o su batin de estar por casa a sacar a la perrita. Durante el día, toma el sol y se tumba en las instalaciones del Club Natación Barcelona de donde era socio ejemplar.

Por la noche todos paseaban a su perrita de aguas a las diez en punto. No se hablaban ni saludaban entre ellas, pues la que vivía en la esquina de la calle Claveguera era más rica, y los ricos y aristócratas no se hablan con los pobres. Aunque las otras no fueran pobres, tenían menos dinero. Sean blancos o tanos. Ellas son blancas. Pues más allá de las etnias, existe y perdura la clase social. Y esto era fantástico.

Te ibas al quiosco de El Juanito, el que esta delante del Instituto del Teatro, enfrente de Comandancia, antigua sede del Convento de Santa María Magdalena y observas que su colección de revistas culturales a todo color con despeglable interior es impresionante. También presentaba muchos comics. Seguramente porque un poco más abajo estaba el Berenguer con sus Ediciones La Cúpula, y por el quiosco pasaron autores ahora consagrados como Mariscal, Nazario, Montesol, Martí, o Shelton.

Al final de la misma calle del quiosco malvive Alfredo Pons con su chica. En un piso en un callejón que hace esquina con la casa que sostiene la placa que dice «En esta casa nació y vivió Isidre Nonell«.

Juanito era un poco como la estanquera del barrio.Todo lo sabía, todo el mundo se lo decía. Vienen a mi las mujeres como moscas a la miel,y debo apartarme de ellas para no hacer mal papel.

Juanito, el amigo del de la Plaza de las Beatas, se aburría tras el trabajo y se iba a recuperar fuerzas y al

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